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lunes, 19 de diciembre de 2016

Leyenda sobre la Flor de la Nochebuena


Cuenta la leyenda que Pepita, una niña mexicana muy pobre, no tenía un regalo para ofrecerle al Niño Jesús durante las celebraciones de Navidad. Mientras ella caminaba lentamente hacia la capilla con su primo Pedro, su corazón estaba muy apenado.

Pepita -le dijo Pedro para consolarla-, estoy seguro que aún el más humilde regalo, si es ofrecido con amor, será más que bienvenido ante sus ojos.

Ya no sabiendo qué otra cosa hacer, Pepita se arrodilló al costado del camino, recogió un puñado de hierbas y le dio la forma de un ramillete. Pero mirando de reojo su ramo de malezas, se sintió aún más triste y avergonzada que nunca por la humildad de su ofrecimiento y cuando ingresó a la pequeña capilla del lugar no pudo evitar que se le escapara una lágrima.

A medida que se acercaba al altar, iba recordando las amables palabra de Pedro: "Aún el más humilde regalo, si es ofrecido con amor, será más que bienvenido ante sus ojos".

Sin embargo, ella sintió que su espíritu se elevaba mientras se arrodillaba para colocar el ramo a los pies de la escena de la natividad.

De repente, el ramillete de hierbas estalló en flores de color rojo intenso, y todos los que lo vieron estaban seguros de estar presenciando un milagro de Navidad.

A partir de ese día, esas flores rojas brillantes, con formas de estrellas, se conocieron como las "Flores de Nochebuena" y nunca dejaron de florecer para cada Navidad.

Anónimo

viernes, 10 de junio de 2016

El más lleno de Bendiciones



Le pedí a Dios fuerza, para triunfar;
me hizo débil, para que aprendiera la humildad de obedecer.

Le pedí salud, para poder hacer grandes cosas;
me dio la enfermedad, para que hiciera cosa mejores.

Le pedí riquezas, para ser feliz;
me dio la pobreza, para que fuera sabio.

Le pedí poder, para recibir las alabanzas de los hombres;
me dio debilidad, para que sintiera la necesidad de Dios.

Le pedí todas las cosas, para disfrutar la vida;
me dio la vida, para que pudiera disfrutar todas las cosas.

No obtuve nada de lo que le pedí,
pero sí todo lo que necesitaba.

Casi a pesar de mí mismo,
mis plegarias sin pronunciar fueron escuchadas.

Yo soy, entre todos los hombres,
el más lleno de Bendiciones.!!

miércoles, 1 de junio de 2016

El hermoso color del amor



¿De qué color es Dios?,
preguntó el niño de piel clara.
¿Es blanco como yo,
son sus cabellos dorados como el sol?

¿Es Dios moreno como yo?,
preguntó el niño de piel con matiz bronceado.
¿Tiene el cabello oscuro y rizado,
son sus ojos negros o azulados?

Pienso que Dios es piel roja como yo,
se escucha decir al niño indio.
Lleva una corona de plumas,
y transforma en día nuestras noches umbrías.

Todos sabemos que allí está Dios, en todos los colores
mencionados. Pero ten esto por seguro: el único color de
nuestro Creador, es el hermoso color del amor.

Así que cuando tu alma vaya al cielo, cuando
tu vida llegue a su final, El estará esperando y
hacia ti su mano extenderá.

No habrá colores en el cielo,
todos seremos iguales.
Sólo serás juzgado por tus actos terrenales,
allí ni tu raza ni tu nombre serán importantes.

Así que cuando llegue, tu hora
y admires a Dios arriba en su reino,
verás el único color que en realidad tiene valor,
y es el hermoso color del amor.


Arnold Sparky Watts

domingo, 8 de mayo de 2016

Dios hizo a la madre



Estaba Dios en su taller de orfebre, trabajando arduamente en su última creación. Cuando de repente, un grupo de ángeles intrigados por su afanosa entrega, se atrevieron a interrogarle:

— ¿Qué hace señor?

— La más grande de mis obras maestras —contestó.

— ¿En qué consiste? — preguntaron.

— En un ser de cuatro pares de ojos y seis brazos.

Y sorprendidos, exclamaron:
— ¿Y para qué le van a servir cuatro pares de ojos?

— Un par de ojos, es para que pueda apreciar la belleza que le rodea; uno más para comprender cada acción que realicen mis hijos; el tercero, para leer los pensamientos, las palabras no pronunciadas, con unos ojos que puedan ver los corazones y ante los cuales no hayan secretos; y el ultimo, para que pueda apreciar la presencia de Dios en la paz de un niño durmiendo.

— ¿Y tantos brazos para qué?

— Los primeros dos son para servir, desde esforzarse en el trabajo más arduo hasta cultivar la flor más delicada. Dos más, serán para acunar a cada uno de mis hijos y llenarlos de caricias, de ternura y amor; y los últimos para levantarlos y luchar ante la injusticia y el abandono.

— Señor, este nuevo ser que estas creando, ¿será inteligente?

— Tendrá la capacidad ilimitada para abordar los temas más intrincados y  poseerá la sensibilidad del poeta, el pensamiento mágico de la fantasía, y sabrá encontrar estrellas y esperanzas en los campos más áridos y desiertos.

Los ángeles, cada vez más intrigados de lo que hacía su señor, no cesaban de preguntar:

— Oye Señor, ¿y este ser tan raro, tendrá alguna función especial?

— Mirad: con un solo beso podrá mitigar el llanto de un pequeño, perdonar la falta más grave, dar aliento a un valiente, acariciar el alma de un anciano, seducir al guerrero más poderoso y dar compañía con solo recordarlo en la soledad.

Uno de los ángeles, tocó el modelo en proceso y exclamó:
— ¡Señor, parece muy débil!

— Su aspecto es frágil, pero su fortaleza es incalculable; puede soportar hambres, miserias, dolor, abandono, pero jamás se dará por  vencido. Sabe hacer milagros con los alimentos y jamás dejará a uno de mis hijos con hambre, le dará todo y tendrá la virtud de sonreír en medio de la adversidad.

— Señor, la verdad, nunca te habíamos visto trabajar tanto en un ser. ¿Por qué es tan importante?

— Miren: el mundo cada día crece más y yo no puedo estar en todas partes, necesito hoy más que nunca que alguien me ayude a conservar y engrandecer mi creación, a llevar mi bondad y presencia a todos los seres humanos.

Los ángeles finalmente preguntaron:
— ¿Cómo le vas a llamar a este ser tan raro?

— Será reconocido por ser forjador de seres humanos extraordinarios, su aroma permanecerá por siempre, y su nombre estará escrito de forma indeleble en la humanidad.

Finalmente, Dios hizo una larga pausa, como meditando el nombre que le daría, y sonriendo ante lo más sublime de su  creación, exclamo:
— Le llamaré: MADRE

En eso uno de los ángeles tocó el rostro de la creatura y para su sorpresa se dio cuenta que una gota escurría de sus ojos, y preguntó:

¿Señor, qué es esa gota de agua que escurre de sus ojos?

— Eso es una lágrima, es el bálsamo del amor, es expresión sublime ante el dolor de mis hijos, es su aflicción ante el sufrimiento que manifiesta la sensibilidad de su espíritu y brota en forma incontenible ante las penas y las alegrías.

Entonces, uno de los ángeles exclamó:
— ¡Señor, eres un genio! ¿Cómo se te ocurrió poner una lágrima en este ser?

Y entonces, Dios con humildad respondió:

— Esa lágrima Yo no la puse!

viernes, 6 de mayo de 2016

Estás hecho para la alegría



Hoy le declaro la guerra al desaliento.

Hoy mando mis dudas lejos y más lejos mis tristezas.

No quiero que la desconfianza o el abatimiento echen raíces en mi alma. No quiero ser amargado.

Envío el desánimo a un destierro perpetuo, y en el mismo viaje le compro al pesimismo un boleto sin retorno.

Tú, corazón mío, estás hecho para la alegría. Eres templo de Dios y Él no mora en lugares oscuros.

No le abras la puerta, oh, corazón, al desconsuelo. Tus amigos son el entusiasmo y el ánimo resuelto.

Hoy le grito NO al pesimismo y en la fe encuentro inmensas reservas de coraje. Nací para vencer.

Nací también para avanzar y superar barreras. De toda caída aprendo algo y me levanto decidido.

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Gonzalo Gallo

domingo, 10 de abril de 2016

La Leyenda de una Princesita - Un cuento sobre la felicidad

¿Dónde está la verdadera felicidad en esta tierra?



Cuenta una leyenda oriental que una princesita triste soñaba con felicidades extrañas asomada al balcón de su castillo. 
De pronto entre las flores aparece su hada madrina y le dice: 
- La felicidad va a venir por estos caminos; si logras conocerla, ve tras ella y te dará la dicha que sueñas.

Desapareció el hada madrina después de haber tocado con su varita mágica los rosales.  Y apareció un hada magnífica adornada de collares de oro y de sortijas de plata. La siguió la princesita anhelante y al ver que no era dichosa con ella, le preguntó: 
- ¿Eres tú la felicidad? 
- No –contestó-, soy la riqueza. 
- Por eso –dijo la princesita– sentía a tu lado sabor de tierra despreciable en mis labios.

Y apareció en seguida otra hada, cubierta con un manto de estrellas. La princesita caminó con ella, y al notar el corazón vacío, le preguntó:
- ¿Eres tú la felicidad?
- No –contestó–, soy la gloria. 
- Por eso –dijo la princesa–, me sentía a tu lado llena de humo y viento la cabeza. 

Y apareció después otra hada sonando cascabeles de alegría.
La princesita la siguió, y al ver en sus ojos una niebla triste, le preguntó:
- ¿Eres tú la felicidad? 
- No, soy el placer.
- Por eso –dijo la princesita–, sentía en el alma como un peso de ilusiones muertas. 

Y apareció una viejecita descuidada pero agradable, con un rostro surcado de lágrimas, entre las que miraba sonriendo. La princesita la siguió. Caminaba por caminos largos, de abrojos y espinas, y sentía la princesita en el alma como un descanso parecido al placer. Y en medio de un bosque la viejecita se transformó en la más admirable de las hermosuras.
- ¡Oh! –gritó la princesita, cayendo de rodillas
– ¡Tú eres la felicidad!
- No –contestó ella– ¡Soy el sacrificio! La felicidad completa no existe en esta tierra; pero, entre todas las apariencias del mundo, soy la única verdadera.


¡Admirable lección! La felicidad perfecta no existe en esta tierra. La felicidad no está en la riqueza que nos deslumbra, ni en la gloria que nos encanta, ni en el placer que nos esclaviza. Pero hay un sustitutivo de la felicidad: el sacrificio.